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La vida sencilla – de Octavio Paz

Picasso 3Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;

beber y en la embriaguez asir la vida;
bailar el baile sin perder el paso;

tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mando del amigo;

probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes –papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento–
no son aún el prometido infierno

loteria3loteria3loteria3Picasso

que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;

saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…

Y que a la hora de mi muerte logrePicasso 2
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo

 



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